No es desinterés, es desgaste emocional
A menudo la gente piensa que cuando un alumno no avanza al ritmo que se espera es porque no se esfuerza lo suficiente. Sin embargo, esta idea simplifica una realidad mucho más diferente. En muchos casos, especialmente en alumnos con necesidades educativas especiales, el problema no es la falta de esfuerzo, sino el desgaste emocional que acumulan día tras día en el aula. Por ejemplo cuando no entienden una explicación, cuando se quedan atrás mientras los demás avanzan o cuando tienen que enfrentarse constantemente a tareas que resultan difíciles les genera frustración e impotencia. Esta situación, cuando pasa más de una vez, no solo afecta al aprendizaje, sino también a la forma en la que el alumno se percibe a sí mismo, lo que puede afectar a su autoestima y poco a poco, aparecen las inseguridades, el miedo a equivocarse e incluso la evitación de responder a preguntas en clase o a hacer tareas de clase.
En el caso de los alumnos con necesidades educativas especiales, este desgaste puede ser aún mayor. Es importante recordar que no todos son iguales, ni sienten ni reaccionan de la misma forma. Por ejemplo, un alumno con autismo puede sentirse desbordado en situaciones que no entiende del todo, como instrucciones que están poco claras o cambios en la rutina que no han sido explicados previamente. En estos casos, es posible que no exprese lo que le ocurre con palabras, sino que se bloquee o deje de participar. Por otro lado, un alumno con síndrome de Down puede tener mayor capacidad para expresar lo que siente, pero también puede ser más consciente de que necesita más tiempo o ayuda que sus compañeros. Esto puede generar unos sentimientos de frustración, inseguridad o dependencia de un adulto. Otro ejemplo frecuente en el ámbito educativo son los alumnos con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). En estos casos, el alumno puede parecer despistado, impulsivo o simplemente que no se concentra, pero en realidad muchas veces está luchando por mantener la atención o gestionar su energía. Esto puede llevar a que reciba más correcciones que refuerzos positivos, lo que a su vez aumenta la frustración y el sentimiento de “no hacerlo bien”. En estos casos, no se trata de falta de interés, sino de una acumulación de experiencias difíciles que afectan a su confianza.
Para que lo podáis entender mejor quiero que penséis en algún momento de toda vuestra etapa escolar y quiero que penséis en una actividad o tarea que no entendías del todo bien. Vale pues ahora quiero que os imaginéis que ese sentimiento que teníais cuando no lo entendíais, pasara cada día con cada tarea que tengáis que hacer. Además veis como el resto de vuestros compañeros avanzan mucho más rápido.
Yo creo que en estos contexto el apoyo escolar puede marcar una gran diferencia. No solo como refuerzo académico, sino como un espacio donde el alumno puede trabajar a su ritmo, sentirse comprendido y recuperar la confianza en sí mismo. Además, en un entorno más individualizado es más fácil que el alumno se sienta comprendido. Al no sentirse juzgado por tardar más o equivocarse, disminuye la frustración y aumenta la confianza para seguir intentándolo. Con el tiempo, este acompañamiento ayuda a que el alumno recupere la seguridad en sí mismo y vuelva a ver que es capaz de aprender, aunque lo haga de una forma diferente.
Con todo esto quiero que entendáis que muchas veces el problema no es la falta de esfuerzo, sino todo lo que el alumno vive emocionalmente mientras aprende. Detrás de cada bloqueo, de cada “no puedo” o de cada falta de participación, puede haber frustración, inseguridad o miedo a equivocarse. En la educación especial esto es aún más importante, porque no todos los alumnos expresan lo que sienten de la misma manera o incluso no llegan a expresarlo y a veces ni tienen los mismos apoyos para hacerlo. Por eso, antes de juzgar el rendimiento, es necesario intentar comprender lo que hay detrás de cada comportamiento. Al final, aprender no es solo una cuestión de capacidad o esfuerzo, sino también de cómo se siente cada alumno en el proceso. Y cuando ese aspecto emocional se tiene en cuenta, el aprendizaje deja de ser una lucha constante para convertirse en una oportunidad real.
Comentarios
Publicar un comentario